¡Partido Z!

¡Mucho más chungo que el de la X y el de la Y juntos¡
¡Z de Zorro! ¡Justicieros enmascarados se lanzan a la calle…a pedir tu voto dentro de cuatro años! ¡Votar es la caña!

partidoZUn rumor recorre los barrios y los centros de trabajo. Un nuevo partido ha entrado en escena. Lo han dicho en la tele. Lo pone en el periódico. Me lo han dicho en un tweet. Se oye comentar que son más poderosos que el poder (así, tal cual). Tal vez más incluso que el hijo bastardo de Batman y Hulk. Lo mejor es que van a arreglar todos nuestros problemas cómodamente, sin tener que salir de casa. ¡La pera limonera!

Hace tiempo que desde muchos ámbitos se viene intentando reconducir el movimiento de protestas que se viene dando en nuestras ciudades y nuestros barrios hacia canales que lo hagan asumible por el sistema. Los mecanismos para desarmar el descontento de los más desfavorecidos son maniobras clásicas de la política parlamentaria. Se han hecho ya muchas veces en diferentes contextos y momentos, y pueden incluir los siguientes elementos, entre otros muchos:

  • Militantes de base de partidos políticos intentan que el descontento se convierta en apoyo para sus dirigentes y en votos para sus listas o bien en desviar los objetivos iniciales del movimiento para hacerlo servir a sus intereses.
  • Los líderes informales de la protesta crean un nuevo partido que, con la promesa de llevar la voz de los desfavorecidos a las instancias del poder, los aleja de las movilizaciones y los reconduce hacia la participación en el parlamento.
  • Los partidos tradicionales se hacen eco de las reivindicaciones e incluyen medidas parecidas en su programa, pero modificadas para desactivar su potencial transformador. Intentan captar los votos de los descontentos.
  • Los medios de comunicación mantienen una campaña constante, consistente en denigrar la opción más perjudicial para el sistema y en promover la que menos peligro presenta. Si no pueden lograr lo primero, optan por silenciarlo.

Desde que se inició el movimiento de protestas, hace ahora un año y medio, hemos visto todos estos elementos en acción:

  • En un primer momento, afiliados de IU y UPyD, entre otros, azuzados por la proximidad de las elecciones autonómicas y generales hicieron todo lo posible para que la asamblea de Sol declarase como uno de sus objetivos la reforma de la ley electoral, que a ellos les convenía mucho, pero que al resto nos la traía al pairo. Es decir, se querían promover reivindicaciones muy limitadas que sólo después, y por un tortuoso proceso de aumento de la representación de partidos minoritarios, podría, se supone, reportar algún beneficio al resto de la población. N que decir tiene que los medios completaron la pinza haciéndose eco de esta reclamación en perjuicio de otras de más calado.
  • De la misma manera, no es de extrañar que en el último año y medio se hayan oído a menudo anuncios de la formación de tal o cual partido político novedoso por parte de algunas figuras que han ganado notoriedad a raíz de las movilizaciones. Intentos denunciados en cada caso con muy buen tino por el conjunto de las asambleas populares.
  • También los partidos, mayoritarios y pequeños por igual, se han apresurado en presentarse como los abanderados de las reivindicaciones. Basta con ver el patético espectáculo que da el PSOE, intentando ser creíble cuando defiende propuestas que rechazó tajantemente en su día, cuando estaba en el gobierno. Por ejemplo, con los desahucios. A otros, como IU, les ha salido mejor la jugada, a pesar de que sus líderes se han llevado algún balde de agua fría cuando se han acercado a las protestas a ver si pillaban cacho.
  • Finalmente, como ya se ha dicho, los medios de comunicación tienen un importante papel en todo esto. Por un lado presentan ciertas reivindicaciones parciales como si fueses el fin último del movimiento, mientras que silencian otras, como en el caso de la reforma de la ley electoral. Por otro, intentan reconducir las protestas hacia canales integrables al sistema de representación parlamentaria, condenando los supuestos excesos de los manifestantes cuando van en una línea que no interesa al poder y cediendo espacio y tiempo a quienes presentan propuestas menos conflictivas. Eso, por supuesto, cuando no se trata de medios de extrema derecha, que se limitan a difamar sin más.

En cualquier caso, todos ellos se esfuerzan en lavarle la cara al sistema y al poder instituido, como ocurre en estos momentos con la campaña generalizada de propaganda monárquica que, mediante entrevistas, retrospectivas y demás, intentan que la corona recupere el prestigio perdido con los casos Urdangarín, Botswana y demás escándalos de una institución corrupta y medieval..

Con todo esto en mente, ¿es de extrañar que ahora nos enteremos por los medios de que ha surgido un nuevo partido que va a “resetear el sistema”, sobre las supuestas cenizas del 15-M? ¿O de que se inunde Internet con una campaña mediática, bien diseñada, todo hay que decirlo, que nos anuncia la “nueva” modalidad de reivindicación: el voto?

No cabe duda de que todo el movimiento de protestas y movilizaciones que hemos vivido hasta ahora no es perfecto. Como anarquistas, sentimos tanta simpatía y admiración hacia los sectores más consecuentes en su seno como diferencias tenemos con el conjunto, pero también es cierto que es una vía que está lejos de agotarse y que de momento ha conseguido éxitos innegables. Y estos se deben precisamente a las herramientas más alejadas de la participación en el sistema de delegación de las que tiene a su disposición:

  • La creación de una red estable de asambleas populares abiertas a todas las vecinas, mediante la horizontalidad y el asamblearismo.
  • Mantenerse relativamente libre de injerencias partidistas gracias a su rechazo de la política delegacionista y parlamentaria.
  • Hacer frente efectivamente a los desahucios y generar cientos de iniciativas vecinales practicando la acción directa.
  • Replicarse, apostando por un modelo de crecimiento no lineal, sino orgánico.

Formar ahora un partido sólo favorece a los intentos de recuperación del poder político y mediático. Abandonar las prácticas libertarias, de acción directa y asamblearismo, que constituyen precisamente lo más valioso de todo el proceso de movilizaciones, es volver al redil de la representación y apuntalar el sistema político y económico existente.

Desde luego que hay muchas cosas que mejorar o cambiar, pero eso no se va a lograr renunciando a la propia esencia de todo el proceso. Un nuevo partido no deja de ser un partido más e, independientemente de la fanfarria con la que se anuncia su lanzamiento, no supone una alternativa a nada. Y si hay que elegir entre una dinámica que está empezando a dar sus frutos o la vuelta al cansino camino trillado de los partidos, que durante décadas no nos ha llevado a ningún sitio, hay que ser muy conservador para optar por esta última opción.

Por nuestra parte, no somos de ningún partido, pero siempre seremos partidarios del pueblo que protesta y reivindica, que lucha sin intermediarios, en la calle y no en el parlamento, que usa la acción directa y la asamblea y no la urna para lograr sus objetivos, porque ya ha aprendido que por esta ruta sólo se empieza un largo viaje a ninguna parte. No somos el partido de nada. Somos partidarios de la (A).

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Gladys P.

Acerca de gladisanarquica

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